1 - Cocinar las pechugas de pollo
Vamos a darle vida a las pechugas de pollo, que son la estrella de nuestro ají de gallina. Coloca las pechugas en una cacerola grande junto al agua, un par de ramas de apio y el puerro. Empieza a cocinarlas suavemente, añadiendo un toque de sal. El objetivo es que el pollo quede tierno, como si estuvieras preparando la carta ganadora de un guiso peruano inolvidable.
Una vez que las pechugas estén tiernas, no te olvides de reservar el caldo que se ha formado, colándolo para una textura suave. Así, tendrás una base deliciosa para tu ají de gallina. Y hablando de trucos, asegúrate de que el caldo no se evapore mucho: queremos esa esencia para darle sabor a nuestro plato.

2 - Empapar el pan como un experto
Vamos a darle ese toque especial al aji de gallina con nuestro buen amigo el pan, que, a falta de gallardía, se empapará como nunca en el caldo aromático que hemos preparado. Elige pan duro o de molde y déjalo que se embeba bien, como si fuera una esponjita en la ducha.
Al empapar el pan, recuerdas siempre esos olores de domingo en casa de la abuela. Ahí es donde la magia empieza a suceder en este guiso peruano. No te preocupes si parece que se deshace, esa es la conversación que queremos entre el caldo y el pan; un diálogo suculento de sabor.

3 - Preparar el sofrito
Este es el momento de darle sabor al plato con nuestro delicioso sofrito. En una sartén, pon a bailar la cebolla morada picada, la zanahoria cortada en brunoise, los dientes de ajo bien picaditos y una pizca de comino. Cocina hasta que las verduras estén tiernas y desprendan ese aroma que invita a quedarse en la cocina.
Luego, añade las nueces pecanas molidas junto a la pasta de ají amarillo y de ají panca. Continúa removiendo con cariño hasta integrar todo bien. Verás cómo el guiso empieza a cobrar vida y color. ¡No te apresures! Déjalo cocer a fuego bajo para que los sabores peruanos se mezclen de maravilla.

4 - Une el pan al sofrito y transforma la mezcla
Aquí viene el truco para un ají de gallina de rechupete. Añade al sofrito ese toque cremoso con un generoso chorrito de leche evaporada y un poco de rico queso parmesano. Salpimienta al gusto, porque cada cocina tiene su propio sazón. Añade el pan empapado y mézclalo todo como si estuvieras en un baile bien ensayado.
Con la mezcla bien integrada, es hora de sacar tu batidora de confianza para triturar todo hasta conseguir una textura suave y aterciopelada. Vuelve a llevar esta fiesta de sabores a la sartén y déjala a fuego lento para que todos esos ingredientes se abracen del todo. ¡Ya verás cómo se convierte en la estrella de tu mesa!

5 - Integra el pollo deshilachado a la magia del ají
Ya es momento de darle todo el protagonismo al pollo. Con cariño y paciencia, deshilacha la pechuga de pollo que cocinaste previamente. No te preocupes si los hilos no quedan perfectos; el objetivo es que cada mordisco tenga un poquito de este sabor delicioso.
Incorpora el pollo deshilachado a la sartén donde tienes la mezcla de ají amarillo y ají panca. Baja el fuego y deja que todo se cocine a fuego lento por unos minutos. Mientras remueves, sentirás cómo el aroma característico de este plato típico peruano empieza a llenar tu cocina, prometiendo una experiencia inolvidable.

6 - Cocinar el arroz
Empezamos con algo básico pero esencial: el arroz. Ya sabes, ese compañero infaltable en el ají de gallina. Toma tu arroz largo de Arroz SOS, y mézclalo con amor en la proporción clásica: dos partes de agua por cada parte de arroz. Un toquecito de sal y ¡a fuego medio-bajo! No te olvides de darle alguna vueltecita, pero sin agobios, como si estuvieras rememorando un domingo tranquilo.
Cuando el arroz se haya bebido toda el agua, quítalo del fuego y cúbrelo. Eso sí, déjalo reposar unos minutos, tal como si estuviera acurrucándose en una cama de vapor. ¿Quién no ha esperado pacientemente por esa esponjosidad final? Así, cuando lo sirvas junto al pollo y la salsa de ají amarillo, todo estará en su punto, y tú serás el chef estrella de tu cocina.

7 - El momento de servir y decorar
¡Llegó la hora de darle el toque final a tu ají de gallina! Sirve este delicioso guiso peruano con un acompañamiento perfecto: arroz blanco bien esponjoso. Y para decorar, no hay nada como unos huevos duros cortados en rodajas y un puñado de nueces que añadirán un toque crujiente y sabroso a cada bocado.
Hecho esto, estarás listo para disfrutar de un plato que no solo es un festín para el paladar, sino también para la vista. ¿Quién puede resistirse a un plato tan colorido y bien preparado? Ahora, solo te queda compartir este momento especial y disfrutarlo como si estuvieras en el mismísimo Perú. ¡Buen provecho!
